Cogiendo manzanas.

24 Noviembre 2024 San Alberto de Lovaina. Felicidades Laura, por tu 21 cumpleaños.

   Murcia, domingo, las nueve y sin novedad a D.g. Ayer vino Antonia, de Almaciles, con sus padres, buenísimas personas y mejores amigos. Merendamos con pastas que trajeron y bebidas que puso Lina. Horas deliciosas para recordar.

   ¿Os cuento cosas de vuestros primeros años? Antes os hablé de los veinte:

   6 septiembre 1977.- Francisco Amós cumplirá 10 años en diciembre. Ha hecho cuarto de Educación General Básica. Es observador e inteligente. Pascual Jesús tiene una memoria fenomenal. Ángel Inocencio quiere agradar a los que tiene cerca; va adelantado a sus años: inventa cuentos, resuelve crucigramas, ilustra sus propias historietas. Va para ser otro Einstein u otro Thomas Edison. Miguel empieza a manifestarse, a decir “aquí estoy yo”; tiene gran personalidad a sus 3 añitos, genio fuerte, se rebela contra lo que no cree justo. Es muy sensible, llora y ríe con algunas películas, quiere sobre todo que le hablen como persona mayor. luego está Lina, la muñeca de la casa, la que se chupa el dedo pulgar como si fuera un caramelo, la que quiere que le den la mano cuando se acuesta en su cuna. “¡No te chupes el dedo!”, le digo. “Un poco y ya está, ¿vale?”, me contesta. Lo que quiere es que el papá le cuente el Cuento de los Cabrititos en la siesta. “Uno nada más, luego a dormir”. Se ríe con picardía.

   7 septiembre 1977.- Ayer estuve en el chalé. Ya va tomando forma definitiva. La estructura del edificio está acabada. Ahora levantar tabiques por dentro, que separen habitaciones.

   Aunque era mucha obra, la ilusión de verla terminada hace creer que no avanza. Pero sí, día a día, paso a paso, la obra sigue su curso. ¿Estará terminada en diciembre? Parece que sí, lo más dificultoso ya ha pasado, según el contratista.

   Recorrí la embastada casa. Casi no se podía andar por ella: los hierros y piedras en la puerta lo impiden. Hasta faltan las escaleras que llevan al estudio. A la terraza de arriba si llega por tablones.

   Esta tarde queremos volver. Pascuala quiere ahora una ventana en la habitación que iba a ser cuarto de baño.

   8 septiembre 1977.- Cogiendo manzanas, dijo mi mujer: “¡Qué hermoso es el campo! ¡Si nos damos cuenta, todo es hermoso en la vida!”. Creo que mis hijos, que la oyen, vayan impregnando su alma de estos sentimientos de bondad.

   Hace poco, me dijo: “No debemos pensar tanto en lo que no tenemos o anhelemos, como en lo que tenemos, hasta en lo más pequeño”.

   Luego, anoche, leía yo en un artículo de Selecciones -Enero 65-; “¡Cuántas veces la felicidad se encuentra en lo más insignificante, en lo más pequeño, en lo más próximo, en lo que tenemos, y no en los grandes sueños de riqueza, de gloria o de fama!”.

   Recordé sus palabras, porque venían a decir exactamente lo mismo: El hombre que se siente satisfecho es feliz; es absurdo buscar el desequilibrio vital con aspiraciones absurdas o deseos insanos, que solo producen tensiones e infelicidad.

   Sinceramente, pienso que la mujer es el motor o el artífice que logra la armonía perfecta en la familia. Sí, es ella, con su gusto su tacto y su inteligencia, la que obra el milagro.

   Si alguna vez mis hijos, ya mayores, leen lo que escribo ahora, que lo interpreten en el mejor sentido: su madre, doña Pascuala Pastor, por obra y gracia de Dios y de la Virgen María a quien tanta devoción profesa, fue una mujer admirable, esposa y madre por encima de todo.

   Trabajadora, inteligente, callala y celosa del bien de los suyos. Su mayor dicha es hacer felices a los demás. De ella se ocupa menos. Todo esto, que ella no dice ni a lo mejor lo sabe, lo digo yo que estoy muy cerca y la observo sin que ella lo advierta.

                                          Francisco Tomás Ortuño.

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