El lolo Amós.
23 Noviembre 2024 San Clemente 328 días pasados – 38 sin pasar.
Murcia, sábado, sin novedad por aquí. Oigo que Marcial, amigo de Jumilla, colocado por el tío Roque en su fábrica, ha muerto. Son tantos los que van yéndose, que es más noticia decir los que quedamos.
24 diciembre 1991.- Queridísimo padre: hace ya siete años que nos dejaste como esta noche cuando daban las doce campanadas. ¡Qué ironía!: ¡Nochebuena!
Con la perspectiva del tiempo, veo tu vida más clara, más nítida, más dibujada, como la de cualquier mortal, como la nuestra, simplicísima, con días alegres y días tristes, con ilusiones y frustraciones, con triunfos y fracasos, una más.
Años de Fuente de las Perdices, con la abuela Emilia y el abuelo Santiago; años de Melilla, cumpliendo el servicio militar; boda; hijos. Lo demás es ya historia nuestra.
Después de la guerra: Lifante, cofines, muerte de Emilia, muerte de la Yaya, y agotamiento progresivo, hasta ese 24 de diciembre del 84, a las doce de la noche.
Fue su vida un continuo empezar. Había una familia numerosa que sacar adelante, y una mujer, poco exigente, eso sí, que se amoldaba a cualquier circunstancia adversa.
Lo de la Iglesia fue una anécdota en su vida, porque su orgullo, mucho orgullo, no le dejaban vivir de Sacristán llevando un incensario detrás de los entierros.
Lo del Banco era un triunfo que se escapó por la política cochina. Cuando estaba ya situado, de acuerdo con sus ilusiones -del campo al Banco, era como llegar y besar el Santo-, la Casa del Pueblo y no ayudar a personas que le ayudaron antes, le perjudicó. No tuvo suerte, esa es la verdad.
El 36 para usted fue fatal. Que ganara Franco fue nefasto en su vida. ¡Qué distinto si hubiera sido al revés! Hubiera vivido de las rentas de sus años mozos:
Ediles de sus tiempos de Sacristán, con don José Antonio o con don Pedro Osa, si hubiera estado callado, solo callado, yendo y viniendo a tocar campanas y encender velas, nadie hubiera reparado en su humilde existencia.
Pero su juventud fue en contra suya; la guerra le derrotó. Le quitaron el puesto que le habían dado en el Banco, con el pretexto que fuera, y aquí paz y después gloria.
Yo sé que no fue la culpa de nadie. Fueron las circunstancias. No tener suerte. Que salió mal. El destino, En los 40 con Ginés Lifante, de contable; en los 50 quiere remontar el vuelo en solitario y casi lo consigue: notas de José María por Extremadura, Lotería en la Banca de Irles, el almacén…
Hasta que, el destino otra vez en contra, el plástico acaba con el esparto -me metí a sombrero…- ¡Cuánto ha batallado, padre! Tras los cofines, el vino.
Con la muerte del abuelo José María, otra puerta se abría a la esperanza. Y con el vino se acabó la historia. Nosotros, ya mayores, fuimos dejando la casa -en los nidos de antaño, no hay pájaros hogaño-.
Emilia se apeó sin decir nada; y la madre, pobrecica, que no participó nunca en sus cosas, se fue también. Y su vida, azarosa y dura siempre, queriendo y no llegando, batallando y sin suerte, se fue apagando poco a poco, hasta desaparecer ese 24 de diciembre, a las doce de la noche.
Una vida más, padre, una de tantas. Destaca en ella su tesón, su ansia por llegar, su amor propio, su profundo sentido de guarda familiar.
¿Defectos? También los tuvo, como todos los humanos. Su falta de participación a los demás, ni a la propia mujer, a la que quería con toda su alma, pudo ser uno.
Pero no se preocupe allá donde se encuentre. Todo fue tan normal como la vida nuestra de cada día, como la vida de cada mortal que vive en el planeta Tierra.
Yo le comprendo perfectamente, y apruebo lo que hizo, y lo que quiso. Un abrazo de amor filial, padre.
Francisco Tomás Ortuño.
25 diciembre 91.- Son las dos del mediodía. Decir que han llegado las Pascuas navideñas con mucha paz en la familia y que es lo que deseamos al resto de los mortales.
Anoche tuvimos, como ya es tradicional, una supercena con velas encendidas y el nacimiento en el comedor, con un Niño grandote, unos abetos cerca, y las bombillas encendidas.
A Lina le encanta esta cena, como las velas y el discurso de papá. Faltaría algo si se omitiese alguno de estos ingredientes. A las 12 a misa y a la vuelta más villancicos y a dormir.
Una noche buena, como se ve, sencilla, amable y profunda. Ningún vecino había en el Roalico. Ni uno. Todas las casas estaban apagadas, incluso el bar. Estábamos solos en el ancho mundo Santanero.
La noche era buena de verdad, sin lluvia, sin viento y sin frío. La luna, en forma de C nos iluminaba. Era una luna en cuarto menguante.
Por la tarde vino el tío Roque a vernos. Trajo turrón y botellas de anís. Ah, y una mantelería para la Yaya y otra para mamá.
Roque hoy vive en la cresta de la ola con su negocio de barcos a granel. Dice que va a Finlandia y a Noruega dentro de unos días.
26 de diciembre 1991.- Los periódicos hablan hoy, sin excepción, de Gorbachov. La historia dirá luego quién fue este hombre y qué hizo en realidad. Ayer dimitió como jefe de Estado.
Grotesco decir que dimitió, cuando no le quedaba más remedio que dimitir. Su presencia ante las cámaras era una forma de salir dignamente de ninguna parte, porque se había quedado el pobre en pocos días sin tierra que gobernar y sin nadie que lo siguiera.
Una situación insólita en la historia de todos los tiempos. A Boris Yeltsin, su sucesor, se le abrían de par en par las puertas del poder.
para mí que Gorbachov, mi admirado amigo Gorbi, es una de las figuras más destacadas del siglo que termina. No puede pensarse sin sobresalto que un hombre solo haya revolucionado el Mundo como él lo ha hecho.
Como un loco visionario destapó la caja de los truenos que llevaba in mente, hasta que el mundo entero se dio cuenta de que iba adelante con sus proyectos.
Pasar de un comunismo arraigado a una nación libre por encima de los capitostes leninistas y estalinistas de muchas décadas ya era echarle valor.
Pues consiguió acabar él solo con el comunismo, unió las dos Alemanias y terminó con el miedo armamentista. ¿Quién no va a reconocer a Gorbachov cuando pasen los años como hombre providencial?
Francisco Tomás Ortuño
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