El ordenador.
20 Noviembre 2024
Murcia, miércoles, temprano, sin novedad e.c.g.a.D. Te cuento del pasado siglo, cuando vosotros cruzabais la veintena:
9 de diciembre 1991.- Que hoy sea fiesta en el calendario es invención humana, porque no tiene sentido que hoy lunes, después de tres días, tres, de no ir al trabajo, se haga fiesta porque ayer cayó el domingo la Purísima.
-Los Santos en el Cielo se reirán de nuestras travesuras.
-O, ¿quién sabe?, se indignarán de nuestra galbana impenitente.
-¿Y si el Señor de cielos y tierras les dio poderes para administrar justicia y son ellos los que nos mandan de vez en cuando pestes y cataclismos?
Y es que los humanos, por fas o por nefas, no paramos de incordiar, nuestros actos son imprevisibles y desconcertantes. La corte celestial, si se rebaja a nuestras mezquinas posibilidades, nos seguirá atenta y confundida;
-¿Qué va a hacer ahora este insensato?
-No es posible, Absalón, que llegue a tanto su majadería.
-¿Que no? Ay, Neftalí querido, yo no apostaría ni una micra de mi espiritual ser.
-Pues vamos a a castigarles con accidentes e inundaciones por sus barrabasadas, Jeremías.
-Que te has pasado, Jeremías.
-Es que viendo lo que ocurre en ese mundo, ¿cómo puede uno quedar impasible?
-Cada cual pagará luego al Amo por sus obras, Jeremías, no te dejes llevar por la iracundia, que en una semana llevas dos terremotos, cinco naufragios, y veinte muertes de sida, que te voy siguiendo, colega.
-Perdona, Ezequiel.
Francisco Tomás Ortuño
11 diciembre 1991.- Miércoles nublado y lluviosillo, premonitorio del invierno, que se acerca a toda prisa. La radio, la televisión y los periódicos hablan hoy de la reunión en Maastricht (Holanda) de los Jefes de Estado y de Gobierno europeos, así como del desastre ruso. O sea, unos queriendo unirse y otros rompiendo a martillazos el bloque que formaban ya muchos años. La historia es un tejer y destejer.
¡Pero cómo estará Gorbachov! Si hubiera dejado el mando hace solo unos meses, hubiera pasado a la historia con otra imagen. Pero, por lo visto, dejar la poltrona cuesta más de lo que parece.
La historia hubiera comentado: “El gran Gorbachov, creador genial de la Perestroika, premio Nobel de la paz, Salvador de la Rusia comunitaria, que acabó con el comunismo, que transformó la sociedad estalinista en democrática, que acabó con las armas nucleares y hubiera alcanzado la paz del mundo”, ahora tendrá que oír: “Gorbachov llevó a su país al caos más grande de la historia”.
¡Pobre Gorbi! Y ahora queda una incógnita: “En sus buenos tiempos, que es como decir hace solo unos meses, los americanos firmaban con la URSS un tratado de desarme nuclear. Los misiles que almacenaban unos y otros y que eran la pesadilla del mundo, desaparecerían del mapa.
¡Qué abrazó aquel de Bush y Gorbachov más tranquilizador y relajante! Se les veía juntos por entonces, como niños en un parque, montando en cochecitos de choque, y a las mujeres de los dos Jefes de Estado como las Damas más significativas del orbe, sonrientes por las calles viendo escaparates y entrando en los establecimientos de postín.
Ya era suyo el Mundo. Todos aplaudían sus gracias y celebraban sus risas. Raisa por aquí, Raisa por allí. Mucho para dejarlo sin resistencia, como la mujer de Marco en Filipinas, aquella Inma que llegó a tener miles de pares de zapatos y de vestidos y hasta rascacielos en Nueva York. ¿Cómo iba a dejarlo sin oponer resistencia?
Como digo, queda una duda en el aire: “¿Se va a cumplir aquel tratado de desarme o va a quedar en agua de borrajas?”. Porque ahora, ni decide Gorbachov, ni hay Unión de Repúblicas, ni nada de nada. Por decirlo crudamente: allí no quedan más que las bombas y los misiles almacenados. Y dime tú, si hay hambre y guerra, ¿qué se puede esperar de una gente desesperada y armada hasta los dientes?
- ¿Y de Maastricht, ¿qué?
-Para mí que, lo mejor, como dijo Cervantes de la mujer: “Cada cual en su casa y Dios en la de todos”.
-Vous voyez tout en noir! La razón me dice que estas naciones que quieren unirse por ser europeas debían de mirar más por las otras de Asia o África que se mueren de hambre, en lugar de buscar la Unión para defenderse de los peligros que vengan de fuera.
-¿Tú crees?
-Vale, vamos a dejarlo.
Francisco Tomás Ortuño.
14 diciembre 1991.- Sábado, casi Navidad, los villancicos se ponen temprano en la casa, se escuchan por la calle, los motivos navideños se ven por donde vayas, montañas de turrones, botellas de champán, y el ambiente, meteorológicamente hablando, fresco, navideño también, decembrino y pascualero.
El ordenador, a la chita callando, se ha colado en nuestra casa. De Valencia lo trajimos el domingo y desde entonces no para de funcionar con su inconfundible voz metálica que lo delata.
Sobre todo, Miguel, bien solo, con Francis o con amigos. Anoche nos acostamos a la una y allí se quedaron Francis y Miguel descubriendo misterios que lleva programados en su cerebro prodigioso de robot.
A mí me cuesta comunicarme con la máquina, dialogar con ella. No veo la forma de entenderme. Si algo le preguntó me contesta con pitidos. No nos comprendemos. Somos extraños, o mejor antagónicos, irreconciliables. Cuando me acerco, la veo ponerse a la defensiva, en guardia, como de uñas. y es que a mí me ocurre otro tanto.
Quiero mentalizarme, quiero limar asperezas, quiero verla como algo bueno, como algo práctico y útil, pero no puedo. Llego y siento tedio a su lado, fastidio, empalago. Que no, que no podemos el uno con el otro; en el futuro no sé, hoy no.
En cambio, el equipo de música es otra cosa, siendo máquinas los dos aparatos, el equipo me ofrece música. Ahora por ejemplo escucho canciones de Nino Bravo, con la que se siente placer y caricias espirituales indescriptibles.
Me va el equipo y no el ordenador, así de claro. Con el ordenador todos son pitidos y ordenes sin voz; con el equipo musical armoniosas voces, canciones gratas. Nino Bravo sigue deleitándome con su prodigiosa voz: “Porque te quiero, te quiero, te quiero, y hasta el fin yo te querré”.
Con “El Sol” recibimos hoy poesías de San Juan de la Cruz. Cervantes se inspiró en el traslado de los restos de San Juan a Segovia para escribir el capítulo del fraile muerto en su Quijote.
Me explico: San Juan de la Cruz -Juan Yepes- murió en Úbeda (Jaén) y fue enterrado. Pero luego, de noche y con sigilo para que el pueblo no se amotinara para impedirlo, lo trasladaron a Segovia en andas ya fuera de la ciudad.
Alguien que lo vio, dijo gritando: ¿A dónde lleváis al difunto? El hecho se difundió, pero ya tarde, cuando ya no era posible volverlo a su lugar de origen. Cervantes, que por estas fechas, 1593, escribió su inmortal obra, introdujo en uno de sus capítulos el episodio del traslado, bien como protesta o bien como otro lance más de Don Quijote en su azarosa vida de caballero andante.
Por cierto, que tras diversos pleitos, solo se consiguió que Segovia devolviera una mano y un hueso del pie de San Juan. El resto sigue allí por más que algunos Papas ordenaran lo contrario.
Clemente VII expide el 15 de septiembre de 1596 su breve apostólico “Expositum nobis fuit” en el que se reconocen los derechos de Úbeda y manda se restituyan los restos del carmelita al lugar en que fue concedida su primera sepultura.
Nino Bravo sigue cantando. Me encanta su voz. Acabo con un pensamiento del Santo de Fontíveros (Ávila): “El secreto de la vida consiste simplemente en aceptarla como es”.
Toda la poesía de San Juan de la Cruz, el gran místico español, es un ansia de encontrarse con el Amado:
¿A dónde te escondiste, Amado,
y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habiéndome herido,
salí tras ti clamando y eras ido.
Como Santa Teresa de Ávila. Por eso se encontraron y se comprendieron tan divinamente.
Francisco Tomás Ortuño.
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