José María Tomás Tornero.

29 Noviembre 2024 San Saturnino

   Murcia, viernes, temprano, sin novedad. Te cuento de mi Diario:

   28 septiembre 1977.-Ayer vino Santiago a vernos. De un tiempo acá viene con frecuencia de Alicante. Alicante, a 90 km, se ha acercado con el coche. Santiago tiene raíces profundas aquí, raíces de juventud, raíces invisibles, pero no por eso menos raíces.

   Aprender a conducir tuvo que ser para Santiago una cuestión de honor. Todos los hermanos teníamos ya nuestro coche y él no podía ser menos. Cuestión de orgullo personal.

   No lo dijo a nadie hasta que tuvo su Carnet de conducir. Hay satisfacciones profundas, hondas, que no se pueden explicar. Son satisfacciones del alma cuando conseguimos algo que hemos deseado tiempo, con la que hemos soñado.

   Una de estas satisfacciones tiene que haber sido para Santiago venir a Jumilla con su coche.

 

   28 septiembre 1977.- Ayer decía la tele que el Papa Pablo VI ha cumplido 80 años. Hablaba de enfermedad, de cansancio, de dimisiones.

   Y es que el Papa, en verdad, es cabeza de la Iglesia. Y todo el cuerpo se rige por la cabeza. En la cabeza hay mucha responsabilidad.

   Las cabezas debían de vigilarse con exquisito cuidado. El Rey es cabeza de la Nación: un Ministro es cabeza de su ramo; el Director de una empresa es cabeza también.

   Por el bien de todos, la cabeza debe ser inteligente, ágil, libre de achaques que entorpezcan sus funciones de mando. Donde no hay cabeza, todo va mal.

   Creo que el Papá, a sus 80 años, debería dejar que otro más joven ocupará su puesto.

                                           Francisco Tomás Ortuño

 

   29 septiembre 1977.- Ayer, un padre vino a quejarse. Es una queja que, por desgracia, se repite: “El maestro le ha pegado a mi hijo”. “Mi hijo lleva una señal en la pierna”. “¿Es que no hay otra manera de castigar?”.

   Los padres tienen razón. Yo soy padre y no quisiera que a mis hijos les pegaran en el Colegio. Dice muy poco del maestro de turno. El maestro que recurre al palo para mantener el orden de clase, ni es maestro, ni educa, ni nada de nada.

   He leído en Selecciones de octubre, que ya ha venido, un artículo sobre biorritmos O ritmos biológicos. Es curioso, sin la precisión de los 23 días que fija para los ritmos en la persona,

   ¿quién no ha observado que en nosotros hay días buenos, en los que todo nos sonríe y nos sale bien, y días malos en los que nos ocurre lo contrario?

   Ya lo he dicho otras veces. Relación con esto tiene un artículo que me publicaron, que titulé “El humorímetro”. Yo lo achaco al tiempo. Sea una cosa u otra la causa, lo cierto es que tenemos días así.

   ¿Somos responsables de nuestros actos? En ocasiones no. El peso de los ritmos, de los cambios, de los trastornos físicos, psíquicos o mentales, biológicos, en suma, es aplastante.

   Con todo, como sujetos de los cambios y de las acciones que se derivan, nos hacen responsables de cuánto nos acontece, de cuánto hacemos y decimos.

   El maestro debe reportarse. Trata con niños y no debe descargar su irritabilidad en los pequeños. El maestro debe frenar sus impulsos violentos.

   ¡Ay, qué difícil gobernar los ritmos, los cambios, los humores! ¡qué difícil es ser en todo momento dueños de sí y obrar como en los buenos días! Pero debe procurarlo.

   El padre del niño tiene igualmente sus días, sus altibajos biológicos, que pueden llevar, que llevan, a enfrentarse con violencia muchas veces.

   Un juez inteligente, neutral, objetivo, no sabría dar la razón a ninguno de ellos. Vería de por medio como una sombra burlona, como un duendecillo travieso, la figura del diablo en forma de cambio biológico, que estaba jugando una mala pasada.

                                           Francisco Tomás Ortuño

 

   1 octubre 1977.- Anteayer, San Miguel. fuimos a vendimiar. Todos trabajamos. Francisco Amós llevaba su hilo de cepas y su capazo, como los hombres.

   Pascual Jesús con Antonio Jiménez, su amigo del alma, hacían lo propio; Ángel Inocencio y Miguel llevaban capazos vacíos; Lina quedó con la Yaya Isabel.

   Mamá y un servidor trabajábamos de lo lindo. Luego cogieron la manzana que quedaba. Día de fiesta y de trabajo para la historia familiar.

 

   Ayer estuve en Murcia. En la Delegación estuve con José María Tomás Tornero, buen amigo. Me contó por que hizo la carrera de Derecho, por qué se hizo Maestro, y por qué estaba en la Delegación de Educación y Ciencia.

   Me habló de su afición por las lenguas modernas, en lo que coincidimos. Me dijo que en su juventud aprendió la lista de los Reyes Godos, como yo.

   Y que aprendió también los nombres de los Estados Unidos de América. Pasamos, sin duda, un rato agradable contándome cosas tan entrañables de su vida.

   Luego subimos al convento; llevamos terminados los cuadros que Pascuala ha restaurado: Juan Mancebón y el Padre Félix. A la vuelta llegamos al chalé.

   Lo encontramos en estado avanzado. Los marcos de las ventanas están puestos, aunque sin puertas. Hay sensación de intimidad, de casa cerrada. A este paso creo que en diciembre tendremos ya el chalé terminado.

                                           Francisco Tomás Ortuño.

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