La felicidad.
30 Noviembre 2024 San Andrés (dichoso mes; empieza con los Santos y acaba en San Andrés)
Murcia, sábado, las nueve, sin novedad. Te paso unos recuerdos de vuestra infancia:
2 octubre 1977.- El hombre debe gozar con sus renuncias. No sé si está claro lo que quiero decir. Renunciar es prescindir de cuanto nos ata, nos encadena de alguna manera.
Renuncio al tabaco, al alcohol, al juego, a ver quién puede más. Si consigo renunciar a todo lo renunciable -quiero decir prescindible o no necesario-, tengo la figura admirable del franciscano puro.
En ese frailecico que renuncia a todo y goza con su renuncia, encuentro la fuente más dichosa de felicidad que pueda haber en este mundo.
Ahí está la felicidad. ¿No se ha buscado muchas veces la felicidad? ¿No la has buscado tú? ¿No se han escrito libros sobre lo mismo?
Pues ahí, en ese misterioso y recóndito lugar, se encuentra. No digo que en otros sitios no se halle, pero ahí, en el final de las renuncias, mana abundantemente, sin duda.
El hermano fray Cándido regaló a mi mujer una talla de un fraile hecha por él mismo con madera de ciprés. Debajo lleva escrita una cita de San Francisco, que explica mejor lo que estaba diciendo:
“El que a ser pobre se acostumbra, cuando ya no tiene nada le sobra todo”. Sí, cuando prescindimos de cosas pequeñas primero, de cosas más grandes después, de todo finalmente, y somos verdaderamente dueños de nada, nos sobra todo.
Francisco Tomás Ortuño.
3 octubre 1977.- Ayer, como estaba previsto, fue un día de fiesta en la casa. Celebramos varios Santos: Lina, Miguel, Ángel y Franciscos. En realidad, era el Santo de Ángel Inocencio y su cumpleaños. Pero los echamos a todos en el mismo saco.
Comieron con nosotros las dos yayas y el abuelo Amós.
Francisco Tomás Ortuño.
4 octubre 77 ¿Qué me cuentas de estos días? ¿Qué me entretiene? ¿Qué me ocupa? Colegio, papeles de chalé, de casa de Alicante, de hijos… una serie de asuntos que me distraen.
En la vida es bueno estar ocupados, pero sin agobios. Si vivimos agobiados, no vivimos. La tensión nos come, los nervios nos martirizan, se pierde el sueño, la enfermedad nos ronda.
Hay que evitar preocupaciones. El hombre viaja hoy más que nunca. Los domingos sale con el coche al campo, a otro pueblo, a la playa, con un pretexto: fútbol, toros, paseo…
Pero en el fondo es la evasión la que empuja a realizar el viaje. Salimos donde sea. El viaje es el pretexto. Es escapar de nuestro medio, la huida, la fuga, el móvil de nuestro viaje.
No se reposa, no se descansa. Y hace falta serenarse, gozar tranquilos, sin huidas, sin miedos ni temores. Cuando no se teme, no se busca un viaje disfrazado.
Es necesario no viajar tanto, vivir tranquilos. Así habría distensión de nervios, paz, gozo. No habría necesidad de huir, de salir, de viajar tanto.
Francisco Tomás Ortuño.
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