La yaya Lina. Solo siento que en su momento no te besara más veces.
4 Noviembre 2024 San Carlos Borromeo
Murcia, lunes, sin novedad por aquí. Te cuento de mi Diario:
21 septiembre 1991.- ¿Qué salta a la vista en esta fecha? Pues que es el Santo de las Linas. No debe perderse la tradición. Linas hay sembradas. Que ellas la conserven de dónde proceda.
¿Por quién fue Lina la Yaya? ¿Sería por abuela, tía o madrina? Que eso no lo sabemos. Hasta creo que ni ella lo supo jamás. “¿Cómo te llamas?”. Lina Ortuño Loncán.
“Mi madre se llamaba María del Rosario Tremedal y mi hermana Anastasia”. No pasó de ahí en su árbol genealógico. Y es que, en los tiempos de la Yaya, y hasta en los nuestros, los padres contaban pocas cosas a los hijos.
Los pequeños tenían que descubrirlo todo por ellos mismos. Me viene a la memoria el episodio del padre que iba con su hijo y hablaba con su amigo. El niño se atrevió o intervenir en la conversación de los mayores y el amigo del padre miró sorprendido y dijo: “¡Cómo educas a tu hijo!”. “Cuando hablan los mayores los niños se callan”. “Si esto me pasa a mí, le saco los dientes de una bofetada”.
Y era así, los críos o menos críos no participaban en el mundo de los adultos; y los adultos se preocupaban poco o nada de decirles a sus hijos quiénes eran sus abuelos o bisabuelos y menos darles explicaciones de la procedencia de su nombre.
Y la Yaya Lina, por si fuera poco, disfrutó más de madrastras que de madre. Para mí que Lina, pero son suposiciones, le llegó por la rama materna.
Su padre -mi abuelo José María Ortuño Gallar- se casó con la hija de un teniente de la Guardia Civil que, por lo visto, pasó por el cuartel de Jumilla.
Este miembro de la Benemérita, que la yaya recordaba siempre por un retrato que tenía de él, con uniforme y barba blanca, procedía de Molinicos, un pueblo de Albacete.
Las relaciones de mi abuelo José María con la familia de su mujer no debieron ser muy buenas. Mi tío Jesús, de Elche de la Sierra, hermano de la mujer de mi abuelo, cuentan que iba a ver a su sobrina cuando esta se quedó sin madre y no hablaba con nadie más que con ella.
De lo cual deduzco que mi abuelo José María, viudo muy pronto, se dedicó a cortejar a otras mujeres, lo que no agradó ni poco ni mucho a la familia de la difunta.
La Yaya Lina de cuatro años sufrió todas las vejaciones de la orfandad, conociendo a otras mujeres en su casa -madrastras- que miraron, como es lógico y natural, más por sus propios hijos que por ella.
El nombre de Lina tuvo que llegar, como digo, por la rama materna. Yo luego viví 4 años con su tío Jesús de Elche de la Sierra, y en su familia conocí nombres como Zoila, hija de mi tío, Perpetua, su mujer, y otros así. No sería raro que en sus ascendientes próximos hubiera alguna Lina por la que llamaron así a la Yaya.
Por la yaya, hay una Lina en nuestra casa, una Lina casa de Santiago, una Lina casa de Amós, una Lina casa de José María, brotes del mismo tronco.
Las Linas pueden dar más Linas a la historia familiar, aunque ¿quién sabe, quién sabe? Mariano prefirió a Raquel; Paco que ni eso; y Lina tiene un Pedro. De Antonio hay pocas esperanzas: su Lina prefirió a Cristina.
¿Quién sabe, quién sabe? La puerta queda abierta a la esperanza, pero los tiempos no son propicios. Tú, madre, donde quiera que estés, tranquila por esas pequeñeces.
Solo siento que en su momento no te besara más veces. ¡Que Ángel más puro fuiste en la tierra! Por tu cabeza no pasó ni la más leve sombra de pecado. Eras todo candor y pureza. Felicidades, madre, y mil besos de tu hijo, que te idolatra.
Francisco Tomás Ortuño.
PRÓLOGO A M LIBRO ”EL QUIJOTE PARA NIÑOS”:
Cuento las aventuras de Don Quijote brevemente, pero ilustradas, para que el niño vea y escuche sin fatiga, palabras Y nombres del Quijote por primera vez.
Historias que le van a encantar. El método será leer despacio, repetir algunos términos, modular la voz, explicar lo que proceda para su edad. El éxito depende de quien se encargue de contar la aventura de turno.
Si consigue que el niño quiera que le cuente la historia, que se enganche, que mire con ilusión la página y escuche con interés, ya estará en el buen camino.
Hablo con la experiencia de mis años infantiles escuchando a mi padre leer El Quijote a sus hijos.
Francisco Tomás Ortuño.
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