Mis poesías.
3 Noviembre 2024 San Martín de Porres.
Murcia, domingo, las ocho y sin novedad en casa. De mi Diario:
19 noviembre 1991.- El verano se resiste a dejarnos. El calor sigue siendo la nota dominante: ventanas abiertas, ventiladores como en el mes de agosto. El tiempo nos distrae de otros asuntos más serios.
- ¿Tú qué prefieres?
- Yo, calor cuando hace frío y frío cuando hace calor. ¿Has observado que la gente quiere lo contrario de lo que tiene? Dale calor y querrá frío, dale frío y querrá calor. El caso es no estar conforme.
- De esto los políticos sabrán mucho: ahí es nada, la gente pide toros, le dan toros y luego no quieren toros; quieren fiestas, se las proporciona y después no quieren fiestas. ¿Qué hacer entonces?
- Como nada les satisface, no darles nada y que cada cual se busque lo que le plazca; o, si quieres, darle lo que creas que de verdad necesita sin mirar reacciones ajenas. El que manda porque le han elegido debe hacer lo que crea conveniente sin mirar si les parece bien o les parece mal.
-¿Tú crees?
-Pues claro, hombre de Dios, ¿no sabes el cuento aquel del Conde Lucanor: iban con un burro un padre y su hijo. Si montaba el padre tenían que decir; si montaba el hijo daban que hablar; si montaban los dos mal; si ninguno peor.
O sea, que nunca, hicieran lo que hicieran, estaba bien visto. Y con lo demás pasa lo mismo.
- ¿Entonces?
- Que la gente es disconforme por naturaleza. Cuando rechazan lo que les ofreces, a quién rechazan es a ti. En el fondo, nos rebelamos contra los que mandan o quieren imponer ideas.
- Mira, los gobernantes por mucho bien que hagan, por mucho bienestar que proporcionen, nunca son queridos. Tropiezan con el egoísmo de los demás. “¿Tú a mí?”, exclama su subconsciente.
- Yo creía…
- Tú puedes creer lo que quieras o puedes cantar misa. La gente va a lo suyo, y no admite que otros le digan lo que tiene que hacer o pensar.
Y sabiendo eso como principio, y sabiendo que sin un gobierno no se puede estar, resulta evidente que los gobernantes de turno deben obrar como crean que deben obrar, nunca pensando en lo que dirán los otros.
- Ya entiendo lo que quieres decir: que al gobernante, haga lo que haga, no le quiere nadie.
- No lo dudes compañero.
- Entonces, nuestros políticos son inteligentes.
- ¿Por qué lo dices?
Porque es eso lo que hacen. No les importa un rábano lo que digan o lo que piensen los demás.
- ¿Qué harías tú en su caso?
- No lo he pensado, pero creo que trazaría un programa bueno para mis paisanos y obraría en consecuencia, sin buscar el aplauso ni la censura. “Hacer bien, sin mirar a quién” sería mi lema.
- Pues yo haría lo mismo.
- ¡Chócala!
Francisco Tomás Ortuño.
PRÓLOGO A MI LIBRO “POESÍAS RESCATADAS”:
Miguel me trajo ayer mis Poesías Rescatadas, unas 300, para dejar fuera del libro las que no me gusten. Sé que al final se salvarán todas, porque el que las va a juzgar soy yo y para un padre no hay mal hijo.
Mis poesías fueron partos para mí. Recuerdo el momento en que nació cada una y la emoción que sentí al alumbrarlas. ¡Qué alegría me produjeron! Era apasionante ver que algo se removía dentro de mí antes y sentirlo fuera después.
Hubo épocas de mi vida, no sabría decir por qué, en que fui más prolífico que en otras, de extrema sequedad. Cuando estuve en Elche de la Sierra, por ejemplo, allá por mis 25 primaveras, la fábrica se dispuso favorablemente y el horno dio sus frutos: “Tus ojos, tu sonrisa…”, “Llueve, el agua se remueve…”, “Como un bufón de corte…”. “La niebla la mañana…”, “Me pides que te diga…”, “Cuando se ama…” Eran producciones propias de los años en que se sueña mucho.
La niebla se va yendo,
Dibujándose firme el horizonte.
Así, mi pensamiento,
De entre la bruma de mis años jóvenes,
Firme, va apareciendo.
En otro tiempo, más sosegado, pensé en la escuela, que me ocupaba y preocupaba, y nacieron otras: “El niño aprende…”, “La risa que prodigas…”, “Cuando los niños…”, “Bendita la escuela…”. “Tu hijo…”, “El curso empieza…”, etc., etc.
Otras poesías me nacieron en Santa Ana, cerca del convento, por entre pinos. Mi perrita Luna fue testigo de mis paradas incesantes a escribir por un transformador de luz que había cerca.
Antes de abrir la boca,
Medita por tu bien
Estas tres cosas:
Qué dices, cómo, a quién
Diriges la palabra;
Y luego al fin
Si cabe no decir
Mejor no decir nada.
Oras, aquí allá me saltaban cuando no esperaba que nacieran. Más no por inesperadas las quería menos. Las atendía lo mejor que podía y sabía, no las dejaba abandonadas.
A todas mis poesías, en las circunstancias que vinieran al mundo, las cuidaba con cariño. Ninguna podrá echarme en cara lo contrario. Que algunas fueran breves me daba igual; que eran más extensas, las acogía lo mismo.
“El incendio…”, “Con mi gorra y mi bastón…”, “No me pidas que cocine…”, etc. etc. Hubo un eclipse de Luna que me permitió alumbrar unas cuantas, sobre el tema, porque el fenómeno me impresionó.
Quizás fuera la misma impresión como un espermatozoide que fecundará mi pensamiento. Cuando nacieron mis hijos -1967 a 1974- yo contaba los 40 años. Mis poesías brotaron de mi sin esfuerzo.
Cuanto hiciera por estos años iba impregnado de ese espíritu generoso que envolvía mi vida: “Cuando se ama…”, “Los primeros amores…”, “No le des vueltas…”, y tantas otras.
De verdad que las poesías son como hijos que nacen de uno. Al leerlas después, se siente la misma emoción de aquellos instantes imborrables de su nacimiento.
Estas que te ofrezco son para mí una familia numerosa que nació a lo largo de mi vida. Os entrego en este libro unas 300 poesías que he ido encontrando por casa.
Se hubieran perdido si no las recojo porque algunas estaban entre papeles de viejo a punto de ser destruidas o camino de la papelera.
Cosa que les habrá ocurrido, sin duda, a muchas que no han tenido la suerte de ser rescatadas como estas, del naufragio.
Algunas de estas poesías formaban parte de otros escritos míos en prosa: diarios, cartas, artículos, crónicas, etc. que recojo en otro lugar. Por no mezclar churras con merinas, las he sacado de donde estaban.
La primera de todas -“A la Virgen de las Angustias”- fue escrita cuando yo estudiaba en el Colegio de Enseñanza Media San Francisco de Asís de Jumilla. Contaba entonces 14 años.
Don Máximo, Director del Centro, quiso que se publicara en una revista de Semana Santa. Y así se hizo, por donde, sin pretenderlo, con mi poesía interviene en la política educativa local.
Era una forma sutil de propaganda, cuando no existía la televisión, ya que la competencia con otros Centros docentes era muy grande. Y poco más, que lo pases bien con su lectura, y un abrazo.
Francisco Tomás Ortuño
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