Renault 9.

8 Noviembre 2024 San Atenodoro

   Murcia, jueves, sin novedad. Te cuento de atrás:

   30 septiembre 1991.-Otro mes que se va. Pero, cómo se van los meses. ¿No habrá forma de parar el tren? Y, aunque parara el tren ¿el tiempo se detendría?

   Si por un milagro el Mundo se detuviera, quedara en el espacio detenido, ¿tú crees que el tiempo no contaría? Vamos a imaginar el universo quieto, inmóvil, flotando los astros como pompas de jabón; ¿qué sería el tiempo sino un presente eterno?

   Con el mes se rompe la familia. Es una forma de decir. La comida hoy con los 7 a la mesa tenía sabor de despedida.

   Mamá hace con Toñi en el comedor una lámpara de macramé. Pascual Jesús sigue de cerca las explicaciones. Una música suave de Mozart se escucha en la casa.

   ¿Repican las campanas por el nuevo destino de mamá o por preparar varios cuadros para diciembre? Hacen falta muchas campanas en los campanarios de Murcia para aplaudir a mi mujer. El Señor la dirige y ella, confiada, se deja llevar. Así su labor es sobresaliente, grandiosa.

   Así cualquiera.

   Pues eso.

 

   2 Octubre 1991.- Ángel cumple años. La casa se conmueve con música de los Beatles. Angel hoy cumple años, se lo pasa a lo grande con sus amigos en el comedor.

   La buena música es como un dulce para el paladar. Los ruidos estridentes son como el sabor amargo, se rechazan.

   ¿En qué parte del cuerpo está quien asesora, quien determina que la música es grata o detestable? No es justamente el lugar lo que me preocupa; es más el cómo.

   Es curioso que a todos nos agrada una música y nos desagrada otra; lo mismo con un sabor, o con la contemplación de un cuadro. ¿Llevamos un canon o modelo de belleza en la especie que  determina? ¿Estamos hechos según un patrón y sentimos igual unos que otros?

   DON JOSÉ

   Don José Yagüe acaba de llamarme por teléfono. Hemos hablado como hemos podido, porque su lengua no está todo lo clara y expedita que quisiéramos. Me dice que hable con don José Barceló para que él me oriente sobre El Quijote que he escrito.

   Gracias, don José.

   Estaba pensando en la música y en por qué una agrada y otra desagrada. Si en nosotros hay armonía nos sentimos bien pero no es suficiente.

   Para que todo lo que se percibe guste yo puedo estar armónicamente perfecto y detectar una impresión que me llega por el oído, por la vista, o por otro sentido yo no soy quien determina la bondad de un impacto exterior sino que el tal impacto se acomoda o no se acomoda a un sistema interno que es el que decide.

   Y como, en general, todos sentimos lo mismo poco más o menos, quiero inferir que en todos el sistema de valores es el mismo. Es algo evidente. Ahora bien, qué sea ese sistema de valores, quien lo haya puesto y dónde se encuentre, ya es más difícil de saber.

                                          Francisco Tomás Ortuño

 

   Como ayer copiaba el Prólogo de mi libro “Verano 86” y siendo un verano importante en nuestra vida familiar, quisiera recordar días de entonces para mis hijos.

   14 de julio 1986.- Lunes, en Santa Ana, como otros años por estas fechas. Es mi intención reseñar eventos familiares para dejar constancia, una vez más, de nuestro paso por estas latitudes o pagos.

   Unos apuntes, más o menos acertados, que permitirán luego saber de nuestras vidas en estas fechas. Mi olfato me dice que vivimos momentos importantes, familiarmente hablando, Luna.

   Momentos que se han de recordar con el paso de los años, por cuanto encierran situaciones nuevas de trascendencia.

   ¿Que a qué situaciones me refiero? Son varias, amiga mía, que de una u otra forma van a influir en nuestro porvenir. Por ejemplo, todos los días no se compra un coche.

   Desde hace 15 años venimos disfrutando de los servicios de nuestro R-8. Quiero recordar que tiene el tiempo de Ángel. Fue por el año 70 de nuestro siglo, que nos decidimos a incorporarlo en la familia. Ya ha llovido desde entonces por más que nos parezca ahora que lo estrenamos ayer.

   Pues bien, el pasado día 10, hace solo cuatro, compramos coche nuevo. Un R-9 flamante, que espera poder servirnos otra tira de años como el anterior.

   ¿Que Santo es hoy, Lina?, le pregunté a mi hija.

   -San Cristobal, respondió.

   -Pues, no es mal comienzo, segui yo. El patrón de los conductores nos proteja. ¿Será casualidad que se haya comprado el coche el día de San Cristóbal o encerrará algún presagio que no vislumbramos?

   Pienso que será lo primero, terminó Lina.

   Digo que hemos comprado coche, y aún no lo hemos estrenado, ¿sabes, Luna? Sigue expuesto en la tienda como lo encontramos el primer día. Eso sí, con un cartel que dice “VENDIDO” con caracteres de imprenta muy señalados.

   Lina está que no duerme. “Papá, ¿hoy vamos ya por el coche?

   Es que no podemos hasta que no se matricule y Tráfico dé el visto bueno.

   Lina no comprende o no quiere comprender.

   Vamos a darles la sorpresa a Ángel, a Francis, a Pascual y a Miguel.

   Ya veremos si hoy nos lo dan. El coche sigue en la sala de exposición, esperando su turno de salida junto a otros bellísimos coches o ejemplares como él.

   Muy cerca hay un R-21 que bien pudo ser el nuestro. Te cuento: estábamos mamá y yo con Juan Alarcón el Herrero haciendo una gestión.

   Llegó también el tío Joaquín con su inseparable cigarro en la boca. Le dije en un aparte, sin querer darle mayor importancia: mientras que tu hermana habla con Juan, ¿me acompañas a comprar un coche?

   La proposición tuvo que hacerle gracia; se sonrió y me siguió en silencio. Lina nos siguió también. En la Renault a 50 pasos del taller de Juan, había varios coches en venta. El que más me gustó fue el R-21, que estaba en primer lugar.

   Vamos a ver el coche, le dije. ¿Te gusta este, Joaquín? 

   Es el coche del año, mucho coche, respondió.

   ¿Cuál es su precio?, pregunté al joven de la casa, que nos seguía cerca.

   Casi dos millones de pesetas, respondió rápido.

   Pues no se hable más, me gusta y lo compro, terminé. Todo en menos de cinco minutos.

   Regresamos a informar a my wife de la compra. Quiso verlo también ella. ¿Cuál te gusta más de estos coches?, le dije en el establecimiento por ver si coincidimos en gustos cocheriles?

   Cualquiera, menos este, que tiene un color demasiado fúnebre. ¡Qué fatalidad, Luna! Había señalado precisamente el Renault 21 preferido por nosotros.

   Nos miramos sorprendidos. Pero mujer, mira que elegante, que descomunal coche, insistimos. No hubo manera. Cualquiera menos ese, siguió terca.

   ¿Y quien compra un coche de 2.000.000 de pesetas a disgusto de la dueña? El final fue desviarnos hacia los restantes. Entre esos restantes estaba el R-9, que mereció por fin toda nuestra suerte de atenciones y piropos.

   Hasta a Lina le pareció el coche más lindo de cuántos coches circulan por el ancho mundo y al papá lo mismo. Su importe al contado un millón y medio de pesetas, que tampoco era humo de pajas.

  Seguirá.                               Francisco Tomás Ortuño.

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