Soy agnóstico.
17 Noviembre 2024
Murcia, domingo, la Dana de Valencia ya pasaron, Fran de Pascual mejora de sus piernas, Alba triunfa con la guitarra, Sofía comió con sus abuelos anteayer, Ángel se fue a Kuwait, y cosas así. Resumiendo: sin novedad en casa. Te cuento de atrás:
22 noviembre 91.- Hoy se celebra en Murcia la festividad de San José de Calasanz.
-¿Pero no era el 27?
-Sí, pero así queda mejor. Un puente súper largo no viene mal.
-O sea, que a gusto del consumidor.
-Tú lo has dicho.
-Pues no es serio.
-¿Y qué más da al Santo que le cambien la fecha?
-Al Santo puede que no, pero a los niños por los que tanto se desveló San José, pudiera darles mucho. Aquí nadie se acuerda de los niños.
-Por lo que veo, eres un radical.
-O realista, y al pan, pan; y al vino, vino.
-Ocurre como en otras profesiones.
-El maestro no debe actuar como un albañil o como un tendero, el maestro debe ser amor y amparo de sus alumnos: enseñanza permanente. Quien no es maestro no lo entiende.
Supongamos que en una familia unida, en la que todos tienen asumido sus papeles, viene una persona extraña a decir cómo deben actuar. Esta familia se sentiría molesta con las órdenes foráneas. Se mirarían unos a otros, se sonreirían y harían como antes venían haciendo.
Así en la Escuela que es Escuela, el maestro y los niños pasan de tales triquiñuelas. ¿Fiesta tal día? La fiesta para nosotros es estar aquí. Una familia y una escuela son semejantes. Si la fiesta consiste en separarse, en ir cada uno por su lado, no debe admitirse, no debe aceptarse.
San José de Calasanz era Maestro. Quería tanto a los niños que los recogía para estar con ellos y enseñarles a ser personas. Se descubría delante de ellos.
-¿Por respeto?
-No, por amor. San José era un gran Maestro. No podemos hacer del Magisterio otra profesión cualquiera. El Maestro no debe igualarse a nadie en su trabajo. ¿Pensaría San José en el dinero? Jamás. Ni le pasaría por la cabeza.
Estar con los pequeños, enseñarles y educarles era su razón de ser. El que es de verdad Maestro sabe que con los niños, con la Escuela, no tiene sentido lo que se cobra, ni las fiestas entre semana.
Francisco Tomás Ortuño
23 noviembre 1991.- Ángel vino anoche con su amigo Isán -no sé si se escribe así-. Isán es marroquí, estudia en Valencia y se hospeda en la misma casa que Ángel. Son de la misma edad y creo que se llevan bien.
Uno es católico y el otro es musulmán, pero ello no es óbice para que participen de los mismos gustos y sentimientos. Nino llegó luego con su ordenador. El viaje de Ángel anoche creo que vino marcado con el signo del ordenador. Ya lo dijo por teléfono: “Necesito un ordenador y mi amigo vende el suyo”.
El ordenador de Nino sigue en el comedor. Hoy he sabido que los ordenadores personales se modernizan cada vez más, y que los nuevos modelos desplazan a los de antes. El modelo Amstrad PC 1512 por ejemplo, que es el de Nino, ha sido ya superado por otros con más memoria y nuevos programas.
El mundo de la tecnología nos invade, nos desborda. Los jóvenes hoy viven inmersos en el campo tecnológico. Querer desconocerlo es tomar partido por un equipo de segunda en la sociedad. Francisco Amós anoche defendió, en la tertulia que hubo sobre el tema informático, que no tenemos tampoco que divinizar la máquina.
Estoy de acuerdo. Cada cosa en su lugar. Un ordenador no deja de ser un instrumento al servicio del hombre, y para que funcione debe estar hecho por el hombre, cargado por el hombre, y movido por el hombre.
Creo que el boom de los ordenadores está pasando. La gente quizás esperaba milagros de estos y se está convenciendo de que son como los vídeos o las casetes: pones una cinta y la reproduce, un juego y lo saca en la pantalla, un programa y se ajusta a él, no hace milagros.
Necesita de un programador que antes haya preparado el trabajo. Hace unos años se decía que con un ordenador ya está todo resuelto como si con tenerlo se despejará tu porvenir o te doctorarse en ciencias exactas.
Y la gente se lanzó a comprar ordenadores, pero vio enseguida que no, que no era tan fácil, que si antes no se aprendía sin ordenador después ocurría lo mismo con él. Y se fueron arrumbando en los rincones de las casas, en desvanes, como recuerdo de una compra que no se utilizó.
A mí me recuerda esta época de los primeros ordenadores a las ofertas de los cursos de idiomas. Hubo quien pensó que comprarse unos discos y un libro ya tenía resuelto el problema. “Usted no estudie, solo escuche. En unos meses usted hablará francés, inglés, alemán y chino”.
Y muchos incautos se lanzaban -y se lanzan aún- a la compra de tales ofertas convencidos de que pronto hablarían como el propio los idiomas extranjeros, Pero, ay, la cosa no era tan fácil. Una lengua no se aprendía, así como así; había que dedicarle tiempo, esfuerzo y estudio.
Con los ordenadores se ha visto ya que de juegos no tienen nada. Quienes vayan a estudiar arquitectura tienen que disponer de materiales como buenos compases, buen papel y buenos libros; quienes vayan para ingenieros deben disponer de un ordenador para facilitar sus cálculos. Una herramienta de trabajo y nada más.
Isán habla por teléfono con su familia. Es la primera vez que escucho hablar en árabe tan cerca. A un español parece imposible que puedan entenderse. Isán es un políglota: habla español, francés, inglés, y su propia lengua.
Sigue hablando. Isán se ríe de lo que cuenta. La risa es universal. Si fuera algo triste lo que dice, lloraría también como nosotros. En suma, la persona es la misma aquí y en todas partes. Solo es distinto el lenguaje que utilizamos.
Francisco Tomás Ortuño
26 de noviembre 1991.- Con el periódico siguen dando un libro cada día. El de hoy trata de las religiones: “Zoroastrismo y judaísmo”. En un banco del parque he leído lo suficiente para conocer su contenido. Lo encuentro interesante. Quizás luego lo lea mejor en plan de estudio.
Conocer la religión de los antepasados me interesó siempre. Hasta una vez busqué libros donde encontrar fuentes de estas. Quería ser un experto en religión. Mejor, un conocedor de las creencias de los hombres de todos los tiempos. Hoy el periódico me ofrece en su libro justo lo que yo quería conocer.
Siento cierta desazón en mis creencias íntimas cuando leo que los judíos de la época de Jesús estaban profundamente influenciados por los persas, por los griegos y por los romanos. Que los persas, a su vez, lo estuvieron por los budistas indios y por el confucionismo chino. Zoroastro fue el encargado de transmitir estas religiones o ideas en Occidente.
El hombre desde siempre ha sido religioso. Ha creído en un ser superior a quién agarrarse. En su abismal nihilidad, siempre se ha sentido solo: cuando habitaba en las cavernas, cuando peleaba con caballos y ahora que puede destruir el Mundo con sus armas.
Siempre se ha perdido en la duda del misterio. Siempre se ha visto rodeado de soledad y ha tenido que buscar algo fuera, de otra naturaleza o de otro mundo, en quien confiar, en quién esperar y creer.
La religión ha sido para el hombre una necesidad. Pero ¿qué me dice de la religión que profesamos? ¿Es verdad? ¿No será todo, por desgracia, un deseo de que sea verdad? ¿Se convierte en realidad algo por el hecho de desearlo?
Cuanto más leo sobre religiones, más se tambalean mis creencias. Que sale el sol, que se pone, que comemos para vivir y que morimos. ¿Se llama a esto agnosticismo? Pues yo, sintiéndolo el primero, soy agnóstico.
Francisco Tomás Ortuño
27 noviembre 1991.- Ayer se nos pasó.
- ¿Qué se nos pasó?
-El cumpleaños de Miguel.
-Olvido imperdonable. Menos mal que Francis, que en eso de los cumpleaños no hay otro, vino ex profeso a felicitarlo y a traerle un obsequio.
Como anécdota, en la mesa, ya en los postres, dijo Miguel: “Sacad ya la sorpresa”.
-¿Qué sorpresa?”, dije yo extrañado.
Miguel que hasta entonces creía que todos disimulábamos y guardábamos para el final la tarta y los regalos con la canción de cumpleaños feliz, tuvo que aclarar: “Pues que es mi cumpleaños”.
Te prometo, Miguel, que el año próximo celebraremos su 20 aniversario, faltaría más. La víspera de San José, cumpleaños de Miguel, no lo olvidaremos palabra.
Francisco Tomás Ortuño
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