¿Vienes conmigo?
22 Noviembre 2024 Sta. Cecilia Año: 327 – 39; Sol: 8´09 a 17´52; Luna: 23´25 a 13´57
Murcia, viernes, sin novedad. Te cuento de atrás:
18 de diciembre 1991.- El trabajo da sus frutos. Mamá trajo anoche un libro precioso con los cuadros que se van a exponer en Murcia por Navidad. El motivo de todos ellos es el mismo: Jesús Niño -Anunciaciones, Visitaciones, Nacimientos, y demás, de las iglesias de la Región, aparte tallas de retablos y figuras sueltas.
En la relación de nombres que han participado en el trabajo figura el nombre de mamá: Pascualina Pastor Martínez, restauradora de obras de arte. Mamá nació artista y no se puede discutir. Tiene arte para crear belleza donde se pone. Igual restaura, que pinta, que modifica. Es una virtud que ahí está y, como el oro, no puede estar oculto.
En Murcia la descubrieron y ahora aquí, después allí, todo es trabajar en lo mismo: poner dedos a una imagen, tapar el agujero de un cuadro, limpiar un mueble… Y cuando no hace nada -¿pero es que no hace nada alguna vez?- trabaja en su taller.
Hoy lleva entre manos unos pájaros en escayola, divinamente pintados, para obsequiar a un compañero del Instituto. Una mujer así es una joya. No hace más que dar de sí, crear, producir.
Sin darse cuenta, va dejando rastro de su paso por donde va: madruga y trasnocha, trabaja sábados y domingos, rinde veinte horas por día. Una mina excepcional. Por eso digo que el trabajo tiene su recompensa.
No porque su nombre figure en un libro tan bonito sino porque lo que toca se transforma en color, belleza y valor. ¿El artista nace o se hace? El pintor nace o aprende? Yo preguntaría: ¿se nace inteligente o se hace inteligente?
Es obvio que se nace artista, como que se nace inteligente. Un burro no podría jamás llegar a resolver un problema de aritmética. Un zopenco no tiene belleza, ni menos la produce. Los que nacen así, son así donde estén; y los que nacen asá, son asá donde vayan.
21 de diciembre 1991.- La Navidad llegó como estaba anunciada. Llegó por sus pasos la Navidad, la Lotería, todo en su momento, como debe ser. Hay cosas que no cambian como, por ejemplo, las estaciones.
La naturaleza es ejemplar: es puntual, con una puntualidad exquisita, exquisita siempre: primavera, verano, otoño, invierno. Las vacaciones llegan con la precisión matemática de las estaciones.
Parece que no van a llegar, pero en su momento justo hacen acto de presencia. Tus cálculos podrán fallar: tú dirás primero estudio, luego paseo y después duermo; y luego, por circunstancias imprevistas, ser al revés. Pero lo natural no es así, y con las vacaciones, que van de la mano con las fechas astronómicas, tampoco.
Ayer, comienzo oficial de las vacaciones, tuvimos su pantagruélica comida en un Mesón de Casillas llamado Cánovas. Estuvimos a comer 17 compañeros “ceperinos” y resultó bien. Hubo hasta regalos misteriosos a los postres, y hasta guitarras y villancicos.
Con este ambiente era necesario, casi obligado, recitar una poesía. De tal menester me encargué yo, con la siguiente, que había preparado de antemano, como es de suponer:
Ay, ¿qué pediría yo,
en aquesta Navidad,
al año 92?
Yo, al año 92,
para el CEP, le pediría
torrenteras de alegría
con torrenteras de sol.
Que tiene unos ventanillos
pegados allá en el techo
por donde, de puro estrechos,
la luz no acierta a pasar.
Ay, ¿qué pediría yo
en aquesta Navidad
al año 92?
Yo al año 92,
pediría para el CEP
que trajera al Director
una lluvia de millones
con que pudiera atender
las facturas, que a montones,
le presentan por doquier.
Ay, ¿que pediría yo
en aquesta Navidad
al año 92?
Yo al año 92
Pediría, pediría,
Sosiego, paz y alegría
a nuestro Pedro Manzano,
excelente compañero,
que así no puede vivir
sin enfermar de los nervios.
Ay, ¿qué pediría yo
en aquesta Navidad
al año 92?
Yo, al año 92,
pediría para el CEP
que cuidara de Miguel,
-Miguel Zapata, Señor-,
y le volviera el color
tan rubicundo de tez,
que tuvo siempre, por Dios.
Miguel es mucho Miguel
Para “pegarse un trompazo”;
así que 92,
te lo ruego, por favor,
deja a Miguel en el CEP,
tranquilo en su ordenador.
Ay, ¿que pediría yo
en aquesta Navidad
al año 92?
Yo el año 92,
como si fuera a los Reyes,
pediría, pediría,
que traiga a la biblioteca
un teléfono, Señor;
que es pura necesidad,
que sirva para llamar
a aquellos que se torraron
con libros que se llevaron
dos años, tres años ha.
Ay, ¿que pediría yo
en aquesta Navidad
al año 92?
Yo al año 92
Pediría, pediría,
que mantenga esta armonía
por muchos años, Señor.
Francisco Tomás Ortuño.
23 diciembre 1991.- Hoy es lunes, eso nadie lo puede negar. Hoy estamos Ángel, Miguel y yo en el chalé, otra verdad irrefutable. Y que ayer fue el bautizo de José Mari, nieto del tío del mismo nombre y abuelo de la criatura, tampoco podrá negarse en el futuro sin caer en dolo o mentira.
- ¿Y quién lo bautizó?
- Pues, ¿quién va a ser? Francisco Amós.
- Cuenta, cuenta, ¿cómo fue?
- ¿Tú no has visto otros bautizos? Pues igual: los padres, abuelos y tíos del retoño van a la iglesia, el cura reza, habla, echa agua al crío en la cabeza, más rezos, más lecturas, y, por fin, el niño sale Cristiano de la Iglesia.
- ¡Qué bonito!
- Pues, eso. Luego fuimos a la casa y allí lo celebramos con empanadas, cerveza y lo que pidieras.
- ¿Qué me dices del domingo que viene?
- Pues que iremos a Santa Pola a otro bautizo. Esta vez el hijo de Lina.
-¿Y por qué Santa Pola?
-Porque Pepe, el padre, es de allí. ¿Aclarado?
- Aclarado. Ahora saltan los bautizos como las rosas.
- Sí, antes fue Juan Carlos, el hijo de Juanita.
- El primo está solicitado.
- Bautizos vengan, peor será que lo llamen para otras ceremonias.
- Que llegarán también.
- ¿Te refieres…
- No hace falta que la nombres.
- Tampoco es para asustarse.
- Ni para bailar de alegría.
- A mí dame bautizos, bodas, y no lo otro.
- Dilo ya por su nombre.
- Entierros, ¿lo quieres más claro?
- Los vecinos acaban de venir, los ruidos los delata. Son las cuatro de la tarde. Mamá cose con la Yaya. Pascual y Lina vendrán pronto.
- ¿Solos?
- ¿Con quién quieres que vengan?
- Con Toñi, por ejemplo, o Lina con sus amigas.
- ¿Tú crees que con Toni…?
-Toñi es ya de la familia y donde va el uno va el otro, como el cubo y la maroma, ella delante y él detrás, o al revés, que tanto monta, monta tanto.
- ¿Tú crees que da lo mismo que vaya él delante que detrás?
- No, pues él debe dirigir siempre, y no dejarse llevar. Me dan pena esas parejas que salen en el programa 1-2-3 y tienen que elegir entre varios premios ocultos. “¿Nos quedamos con éste?”. Es de risa ver que el hombre quiere decidir, pero no sabe.
- “Dejamos este”, dice él.
- No, aquel, dice ella.
- Dejamos aquel, exclama él con aire de tomar las decisiones.
- ¿Seguro?, dice Maira traviesa.
Sí, exclama él, con aire de suficiencia. Pero ella, aún tiene tiempo de intervenir y corrige:
- Espera, ese no. Tomamos el otro.
- Pues ese, dice él triunfante.
- Me dan pena esas parejas. Ni ellos decidirán nunca en su casa ni a ella le gustará tener semejante marido.
- Te comprendo, te comprendo. Lo más airoso en estos casos… sería decir: “Decide tú sola” o “Tú una vez y yo otra” y no ceder cuando sea su turno. O “Este” con autoridad. Pero esas escenitas dan pena.
- ¿Tan importante es mandar él en el matrimonio? No se trata de mandar con gritos y miedos; es más bien no dejar el papel que se debe tener a la otra parte; no ser él ella, ni ella él, porque entonces todo irá dislocado o patas arriba.
-Comprendo, comprendo, que él diga: “¡Vienes conmigo!” no es igual que “¿Vienes conmigo?”. Lo primero es ir delante él; lo segundo es ir detrás.
Bueno, dejemos el rollo ya, ¿vale?
Francisco Tomás Ortuño.
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