Decidir con tiento.
6 diciembre 2024 San Pedro Poveda Día de la Constitución
Murcia. viernes, sin novedad.
FELICIDADES, LINA, POR TU “CUMPLE” DE AYER, TU ABUELO PACO.
PODEIS PASAR POR EL AGUINALDO DEL AÑO 2.024
Te cuento:
El Club de la Vida. Hubo un tiempo, hace unos años, que los sábados y domingos ponían un programa de radio que se llamaba “El Club de la Vida”.
Este programa iba dedicado a personas mayores, y en él hablaban médicos, ponían canciones solicitadas y se pedía correspondencia, entre otras cosas.
Un día habló un Profesor de Biología y dijo cosas interesantes sobre la salud: lo que, según él, era bueno hacer para conservarla y alargar la vida.
Recomendaba, como todos sabíamos, ejercicios físicos moderados, como andar; ejercicios mentales, cómo aprender idiomas; buena dieta, y dormir bien.
Pensé, y sigo pensando, que el cuerpo es como la madera: si no entra la carcoma, hay cuerpo para rato; pero si entra la carcoma estás perdido.
Hay que andar, dice el médico, pero como las piernas no acompañen, prefieres el sofá y un buen concierto en el equipo de música.
Y hasta, posiblemente, fuera lo más conveniente. ¿Me atreveré a decirlo? Y hasta lo más saludable. Más que en los pies, está en el cerebro tu problema.
La dosis de ilusión que pongas en tu vida, te hará superar o quedarte sin realizar proyectos. Pero ¿está en uno formar, crear ilusiones en tu vida?
Pues, francamente, no. Si un candil no tiene aceite, por mucha mecha que le pongas, no arderá. El hombre es ese candil, que si no tiene aceite no puede iluminar.
Quizás, a veces, la ilusión nos hace andar. ¿Produce la ilusión el desearla? No, pero hay un componente espiritual, misterioso, escondido, que la produce.
Algo ilusionante producirá ese aceite, que permitirá no ya andar sino correr y hasta volar. Te hablé de una enferma que cambió con la presencia de su amado. Algo así quiero decir ahora.
Si no hay ilusión, te faltarán las fuerzas para caminar, y hasta será inútil que camines. Como sepas que en un viaje te verás de nuevo con el sueño de tu vida, tu cuerpo, misteriosamente, recobrará las energías necesarias para ir corriendo a ese lugar de encuentro.
De aquí deduzco que más que ejercicios para tener buena salud lo que el mayor necesita es ilusión para alcanzar lo que siempre deseó. En el fondo de todo proyecto ilusionante está el amor por un sueño, por una idea, que quieras alcanzar.
Francisco Tomás Ortuño.
22 octubre 1977.- Venimos del chalé María Dolores, Pascuala y yo. Estamos preocupados con lo que dijo el constructor. Es un problema suyo que nos afecta de lleno.
Promete terminarlo luego, pero quiere dejar las obras por un mes. Nos asusta pensar que ya no siga luego, porque lleva recibidos dos millones de pesetas, y otro albañil no lo terminará por lo que resta a Manuel por recibir, según contrato. El chalé nos tiene preocupados.
Francisco Tomás Ortuño.
22 octubre 1977.- Hoy hemos tenido en el Ayuntamiento reunión con los partidos políticos. El Alcalde ha hablado de NEASA. Los jumillanos quieren saber, están en su derecho, defienden los intereses de su pueblo.
Pero en ese interés puede haber un peligro, porque, muchas veces, llenarse de patriotismo local puede cegar, como los árboles que no dejan ver el bosque que los contiene.
“NEASA nos engaña”, se oye decir. Pero ¿qué haría Jumilla sin NEASA? ¿Se comprende el alcance de enemistarse Jumilla con NEASA? Los jóvenes son impulsivos y hay que obrar con mucha serenidad.
En el caso de las aguas de nuestro término, hay muchos intereses en juego, que convierten el problema en un enmarañado laberinto, difícil de cruzar sin arañarse por alguna parte.
Hay que decidir con tiento, hay que pensar con aplomo, sin precipitaciones, hay que escuchar a NEASA, hay que oír sin recelos, medir las consecuencias de cada posible solución.
Luego decidir y sentirse todos responsables de lo bueno o de lo malo que pueda derivarse.
Francisco Tomás Ortuño
23 octubre 77.- Las campanas de la Iglesia llaman a Misa. Las mismas campanas que oyera de niño. Con las campanas recuerdo mi niñez. Siento en mi sangre y en mi espíritu la misma sensación de entonces.
Con el tañido, el tiempo vuelve atrás. Quedó grabado en mi cerebro, y ese momento quedó para siempre imborrable. ¿Memoria del oído? ¡Qué duda cabe! Con el oído recordamos como con la vista.
Estos recuerdos nos transportan a otros momentos vividos antes, porque, de alguna forma, lo que escuchamos entonces, las campanas en nuestro caso, se fundió, se amalgamó, se mezcló en mi conciencia con todo su mundo de emociones, de sueños, de temores y de alegrías, y ahora, al escuchar de nuevo la campana, el mismo sonido, me transporta a aquel instante con su carga de emociones, con su mundo de sentimientos.
Oyendo las campanas se vuelve a la niñez y la niñez es hermosa.
Por eso quiero las campanas de mi pueblo, porque me hacen niño de nuevo, porque me hacen revivir momentos de incomparable alegría.
Me ocurre otro tanto con los olores. En la escuela, me llevaba el lapicero a la nariz. Eran lapiceros blandos, sin pinturas, de Johan Sindel. Su olor penetrante me agradaba en extremo.
Lo mismo que la gomas de borrar, blandas, verdes o rosas. cuadradas o rectangulares. Era un olor característico que me agradaba profundamente.
Ahora, cuando llega a mis manos uno de estos objetos escolares cierro los ojos y huelo en profundidad todo aquel mundo de sensaciones infantiles, de emociones, vuelvo a revivirlo cuando huelo la goma de borrar o el lapicero Johan Sindel.
Y es que, como digo antes, no es solo el olor lo que recuerdo, es todo lo que entonces era yo: olor y espíritu mezclados, juntos, imposibles de separar, lo que me llega con el recuerdo.
Francisco Tomás Ortuño.
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