El regalo al maestro.
23 diciembre 2024 . El Sol sale hoy a las 8´35 y se va a las 17´53; 358 días pasados del año y 8 por pasar.
Murcia, lunes, sin novedad en el alcázar. Recuerdos del ayer.
3 diciembre 1977.- Ayer dirigí una carta a los Maestros de Jumilla. A todos. A los del Colegio Comarcal, a los de San Francisco, a los de Soler Bans, a los de San Juan, a los de la Escuela Hogar. La copio al pie de la letra:
“A la consideración del profesorado de Jumilla”:
En el año escolar, hay dos o tres fechas señaladas, que todos conocemos, en las que los niños llevan chocolate o botes de melocotón a la Escuela, siguiendo una costumbre de otra época triste para el Maestro, en que la situación económica y social era distinta, en que se pasaba hambre y había que ayudarnos, en que se necesitaba de limosnas para subsistir.
Hoy, gracias a Dios, los tiempos han cambiado. La dignidad nuestra no debe permitir seguir con la costumbre ancestral de esa especie de limosna por parte de familias, que necesitan de ellas más que nosotros.
El ¡BASTA! debe salir ya de nuestra parte y decir a las familias antes de recibir: GRACIAS, PERO NO SE ACEPTA.
Si estáis de acuerdo, vamos a adelantarnos en estas mismas fiestas de Navidad y escribir unas hojas a las familias, llevadas por los propios niños, donde se diga claramente:
POR ACUERDO DEL PROFESORADO DE JUMILLA, NO SE ACEPTAN REGALOS EN LA ESCUELA. POR FAVOR, NO MANDE NADA CON SU HIJO, QUE LE SERÁ DEVUELTO. SE LE AGRADECE IGUALMENTE. UN SALUDO CORDIAL.
Creo que será un gesto que muchos agradecerán, que otros imitarán y, sobre todo, que nuestro Cuerpo ganará en dignidad. Atentamente vuestro compañero”.
Espero respuesta. Ayer mismo comprendí que mi escrito ha hecho daño a algunos. “No se trata de limosna sino de atención de la familia al Maestro”. Me consta que no es así.
Hay mucho de compromiso en el regalo de Navidad: “Que no diga mi vecina”, “Que no la tome el maestro con mi hijo”. El regalo es forzado, un puro compromiso. No se hace voluntariamente.
El maestro deja pasar fechas, ocasiones, y mantiene con su silencio la penosa situación años y años por inercia y pobreza de espíritu.
Creo que con el sueldo -este mes alguno más de 100.000 pesetas- pueden comprarse las botellas de champán y barras de turrón sin esperar a que esa pobre madre, que no lo va a probar, se lo compre.
Pienso que es hora de cortar con esta obligación que el tiempo y las circunstancias han creado.
Francisco Tomás Ortuño.
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