Los Parrales.
28 diciembre 2024 DIA DE LOS INOCENTES ¡¡CUIDADO!! 363-3
Murcia, sábado, sin novedad. Os cuento de vuestra infancia ahora que pasáis por los cincuenta y yo por los noventa:
16 diciembre 1977. - Las 7:30 h de la mañana, de noche, silencio. ¡Que silencio más encantador, qué paz! Pero ¿hay de verdad silencio?, ¿hay de verdad paz?
El silencio y la paz van con nosotros. Hoy en mi te puedo asegurar que si hay silencio y hay paz. Un silencio que habla y que yo escucho, un silencio que habla de bienestar, de salud, de triunfo, de Navidad.
Un silencio elocuente. A estas horas de la madrugada, ¿que me dice! Que todo marcha bien, que mi deber se va cumpliendo, que mis hijos crecen sanos, que mi mujer es feliz.
Sin embargo, en España hay malestar. Ayer cerraron la Universidad de Murcia: vacaciones anticipadas. Los alumnos que quieren estudiar no pueden. Algo ocurre en España: huelgas, enfrentamientos, algaradas…
Que pronto acabe esta zozobra: robos en casas, robos de coches, inseguridad. Vivimos intranquilos. Hace falta que la paz vuelva, que los agitadores se desenmascaren.
Se teme que pueda ocurrir algo en cualquier momento. España lo está pasando mal. Aquí hay paz pero fuera no. En la calle hay desorden y miedo que es todo lo contrario.
Si cada persona se ocupará solo de lo suyo, la situación cambiaría de signo. Esa puede ser la solución: cada cual a lo suyo.
Pero que el profesor esté fuera de su clase, en reuniones políticas; o que el albañil no esté en el tajo; o que el médico no reciba a sus pacientes…
Señores, así no pueden ir las cosas como deben ir Entre todos hundimos, sin darnos cuenta, lo que tanto queremos.
19 diciembre 1977.- Debe ser preocupante comprobar que nuestro sino nos es adverso, que todo lo que hacemos nos sale mal, que nuestra vida es un rosario de tropiezos.
Es el caso del matrimonio Anula. Vinieron a Jumilla hace tres meses; hoy me piden un Certificado para que sus hijos puedan ingresar en un Colegio de Barcelona.
Me cuentan que en los tres meses que viven en Jumilla les han robado una cartera con dinero, el marido perdió su empleo… Y aquí tenemos a la familia con su mala suerte a cuestas camino de Barcelona.
Segunda parte del diario
26 julio 1978.- Un día más en la historia del tiempo. Escribo en el chalé, como tantas veces había pensado, en el estudio de dentro, entre cuadros de Pascuala, entre libros, entre mosaicos procedentes de Valencia, sentado en la mecedora, a las cinco de la tarde.
Ayer bajamos a la comunión de José Mari, el hijo de José María. El banquete fue de los que hacen época. Otro acontecimiento familiar para el recuerdo.
Estuvieron los padres; estuvo Santiago, que vino ex profeso de Alicante; faltó Amós. ¿Qué será de Amós? Desde hace 15 días no sabemos nada de Cartagena.
No digo de la Unión sino de Cartagena. Viven ya en Cartagena, pero no tienen el teléfono puesto. Desde hace 15 días que vino Mariano a medianoche a nuestra casa no sabemos nada de ellos.
Yo les escribí una carta desde Madrid a los pocos días, pero no sé si la recibieron. No han dicho nada. ¿pensarán que obramos mal aquella noche? No sé. No pudimos hacer otra cosa.
LOS PARRALES
Esta mañana fuimos a los parrales. Nos bañamos en la piscina. Los 5 se bañaron y el papá. La mamá no quiso. Con nosotros se bañaron Roque, Natalia y sus hijos.
Pascuala estuvo a la sombra con su madre y con la tía Fulgencia. Luego tomamos todos cerveza fresca y aperitivos variados. Trajimos una caja llena de melocotones que nos dieron. Una mañana completa.
Esta tarde bajaré al pueblo. Son las misas de Valero, el pintor. Las misas de los 9 días. Ha muerto el pobre sin gozar de su chalé. Aunque lo haya gozado mientras que lo hacían.
Su enfermedad últimamente le cambió el carácter. De siempre alegre y simpático, las últimas veces que hablé con él estaba de mal humor. Su jovialidad, su alegría, se habían apagado. Descanse en paz.
Cuando baje veré a los padres. Si quieren subir con nosotros que lo hagan. ¡Cómo pueden comprender ellos lo que celebramos que estén aquí!
La Yaya Lina fue a la peluquería para estar guapa en la comunión del nieto, pero la Yaya me preocupa. No es la que ha sido siempre. Apenas habla, apenas ríe, con lo que ella hablaba y se reía.
Su memoria es un desastre. Nos alegra verla, sentirla cerca, pero la Yaya es un bulto que vegeta. Su vida se ha reducido a vegetar. Para nosotros es un recuerdo de la madre.
El padre, en cambio, su cabeza razona como siempre, con lucidez y capacidad. Mi madre no comprende lo que significa hoy para ella su marido.
Francisco Tomás Ortuño.
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