Mi hora buena.

8 diciembre 2024 Inmaculada Concepción de la Virgen

   Murcia, domingo, en pleno puente entre la Constitución y la Purísima, sin novedad en casa. Os seguiré contando recuerdos de atrás:

   Dos amigos discutían si vale más no hacer nada o trabajar. ¡Vaya cuestión!”, dirían que no hacer nada. Uno pensaba que era mejor la fiesta todo el año y otro que el trabajo.

   “Si el trabajo es salud, viva la tuberculosis” pensaba uno. El trabajo se debe a una maldición divina: comerás con el sudor de tu frente, dijo Dios a Adán. Me has desobedecido pues a trabajar.

   Pero he pensado que es al revés: que no fue el demonio el que engañó a nuestros primeros padres, sino que estos no aguantaban más tiempo el aburrimiento que suponía no hacer nada.

   Y le pidieron, por favor, que los llevará a otra parte, que les enseñará la forma de pecar. Y el demonio los atendió: se apiado de ellos. Fíjate, el demonio se apiadó de ellos.

   ¡Cómo se lo pedirían! “Apiádate de nosotros, Satanás, que así no podemos seguir. Esto no es vida, las plantas se multiplican, los animales se juntan, y nosotros siempre igual. 

   ¿Y qué les dijo Satanás?

   Les dijo que la felicidad está en trabajar para conseguir, en disfrutar de los placeres que satisfagan los sentidos corporales, en luchar por tener, en vivir con sueños.

                      

   Conchi Belda, que en paz descanse, nos invitó a su casa de Monteagudo, con un hermoso huerto de naranjos. Yo no había visto la fruta atacada en el árbol por los pájaros.

   Es curioso ver cómo se introducen dentro por una ventanita que hacen en la corteza y van chupando el jugo hasta vaciarla. Se queda solo la corteza sin nada dentro, con un agujerito del tamaño de un euro por donde han entrado al saqueo.

   El instinto animal es asombroso. Y luego hablamos de robos en las viviendas. Ahí tienes a los pájaros que asaltan impunemente los naranjos de Conchi.

 

   Pascuala está a mi lado. Pinta. Estamos solos en la casa. Lina está con la yaya Isabel. Los nenes en el Cole. Enseguida llamarán a la puerta.

   Miguel celebra demasiado que mañana no haya Cole. ¿Será por la hermana Lucía? la hermana Lucía, su profe, es severa, grita mucho, su gesto es seco, autoritario, agrio.

   Los niños la temen. ¿Será por eso que Miguel celebra tanto las vísperas de fiesta? Mañana no hay Cole y pasado mañana tampoco, le digo los viernes, y él me mira contento.

   Su alegría no puede esconder. Estalla en gritos de júbilo, salta de contento. Los niños son así de sinceros. La hermana de Miguel empieza a preocuparme.

   Cuando no ha hecho los deberes, Miguel llora. Creo que es pánico lo suyo. Y lo peor es que los niños sientan miedo y horror por la escuela, cuando esta debe ser una fiesta.

   Si esto no es así, la escuela ha cambiado su función. Ay, qué importante es el maestro.

                                           Francisco Tomás Ortuño

   1 noviembre 1977.- Las siete y media de la mañana. Está claro que en lo de los ciclos biológicos que leí, mi hora es esta. No hay más que ojear estas hojas donde anoto cosas a modo de diario, para ver que mi hora buena es la madrugada.

   Y no por lo que escriba sino porque a esta hora del día me encuentro mejor que a ninguna otra. Lo he comprendido en la práctica de mi vida diaria.

   Si he tenido que hablar a una persona para conseguir algo de ella, adrede la he visitado temprano. Es mi hora. A lo mejor no es la tuya. Búscala, porque es importante dar con ella.

                                         Francisco Tomás Ortuño.

 

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