Mis recuerdos.
11 diciembre 2024 San Dámaso Año: 346 - 20
Murcia, miércoles, sin novedad, De mis recuerdos:
La fallas .-¡Cómo disfrutan los valencianos con sus fallas! ¿Se conservan las fallas por ellas mismas o porque suponen una fuente de ingresos para su Ayuntamiento?
Porque hoy todo gira alrededor de lo mismo, en torno al poderoso caballero que escribió Quevedo. ¿Pero era ya el vil metal tan poderoso en el siglo XVI?
No nos desviemos del tema. Decía que los valencianos gozan como niños con la pólvora, con el ruido y con los ninots que conforman los cientos de fallas que se queman en la noche De San José.
Una falla es la crítica feroz del pueblo por un hecho que quiere ver quemar. Así, cada año se queman, se sacan a la luz los defectos de la sociedad, para que el fuego se los trague.
Pero creo que todo sigue lo mismo después. Los vicios mostrados tan finamente y quemados sin remisión, vuelven a la palestra como lázaros redivivos. Un rato de risa y si te vi no me acuerdo.
¡Qué papel tan importante jugarían las fallas si se las tomará en serio, si nos propusiéramos quemar los vicios que en ellas se denuncian y procuramos no caer en ellos!
Pero las fallas son, por lo que veo, como una confesión en la que se vuelve a caer una y mil veces en el mismo pecado. No hay propósito de enmienda, todo queda en fiesta, en promesa, en rutina.
-¿Has visto la falla del Ayuntamiento?
-Sí, estoy yo con cuernos como un demonio.
-¿Y no te importa?
-No, son las fallas. Es como el carnaval. ¿Vas a tomar en serio lo que te diga una máscara? O como el fútbol: ¿Va a demandar el árbitro porque hablan mal de tu madre? No seas cándido.
Francisco Tomás Ortuño
Ayer vino José María de Murcia. Ha estado unos días en la Arrixaca. Fue con dolor y vuelve nuevo. Unos cálculos embotellados como recuerdo. Puede decirse sin eufemismos que le han quitado un peso de encima.
La medicina es valiente; pocas enfermedades se le resisten. La cirugía sigue sus pasos: ¡zas, zas! y ya está, podría decirse cómo eslogan el cirujano. Llega al fondo del mal resuelto, sin miedo, valiente.
A José María le han extraído 7 piedras de la vesícula como podían haberle extraído un riñón dañado. He dicho más arriba que pocas enfermedades ya se le resisten a la medicina.
Pero las hay, sin duda. Son el reto vivo a la ciencia. Y no me refiero solo al cáncer y otras lacras en que pudiera pensarse. Hay enfermedades que llevamos los humanos, que son un desafío claro a la ciencia médica.
Llegará su momento de ser vencidas cuando la ciencia no encuentra enfermedad que se le resista. El hombre será de verdad dueño y señor de la vida.
Me refiero, por ejemplo, a la envidia. ¿Hay hombres que padecen de envidia? Es una enfermedad que causa estragos. ¿Qué médico cura la envidia? ¿Tú lo sabes? Y la envidia, sin embargo, es una enfermedad.
Cuando la ciencia extirpe la envidia como esas células biliares, habrá ganado su batalla. Si la ciencia venciera la envidia como a los cálculos, llegaría a la cumbre del poder.
¿La envidia por qué la tiene por pecado y se desentiende de ella el médico? Debe saber qué la produce y extirparla. A la medicina queda mucho por hacer.
Igual que digo de la envidia pienso en la soberbia, en la lujuria, de la avaricia, de la gula… El hombre padece enfermedades que no se tienen por tales.
Cuando se estudien desde otra perspectiva distinta de la moral, la ciencia médica se enfrentará con ellas como hoy con esos cálculos de José María.
Francisco Tomás Ortuño.
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