Mortadelo y Filemón.

18 diciembre 2024

   Murcia, miércoles, sin novedad “here”. Te cuento de atrás:

 

   19 noviembre 1977.- Don Francisco Asensio es un hombre serio, médico excelente. Su nombre se cotiza, su consulta siempre está llena de público.

   Ayer me hablaba el conserje de la finca donde vive don Francisco, de curaciones casi milagrosas. 

   Que un conserje admire de ese modo al médico y a la persona habla muy a las claras de quien es don Francisco.

   A mí no me hacía falta escuchar sus elogios. He comprobado durante años que venimos asistiendo a su consulta con los hijos que es un médico ejemplar.

 

   Hoy sábado, los cinco están en casa. Miguel llora fuerte. ¿Qué pasa, Miguel?, le pregunto. Ángel me ha pegado una torta, me contesta. Ha sido flojo, sigue Ángel. Ya han hecho las paces.

   Como decía, los pequeños están en casa. Pascual Jesús con la lluvia no ha podido ir al fútbol. El fútbol lo disloca, se ilusiona con los equipos y los campeonatos, lo vive intensamente.

   Francisco Amós goza más con Mortadelo y Filemón. Se ríe solo leyendo sus historias. Llega al fondo del chiste. Comprende la intención. Mortadelo y Filemón son sus amigos preferidos. I

  Ibáñez el creador, es ideal. Papá, ¿puedo yo ser luego como Francisco Ibáñez?, me pregunta.

   En la vida todos deberíamos fijarnos una meta: medicina, profesor, mecánico, comerciante…, y cuando se alcanzara, vivir en esa meta y sentirse feliz y orgulloso de haberla alcanzado.

   Las metas deben ser fin y término de nuestra escalada, pero no para seguir subiendo. Si hacemos nuestras metas trampolines de otras metas, con los consiguientes esfuerzos y sin sabores que lleva consigo alcanzarlas, pasaremos la vida en el viaje, en el camino.

   Hemos de ser sensatos en la vida con nuestros propios deseos, con nuestras aspiraciones. El hombre, por naturaleza es inconformista, pero la razón nos dice que hemos de ser prudentes, como don Francisco: estudio tenaz, feliz llegada y buen trabajo en su meta.

   Vamos a suponer que a don Francisco le hubiera dado después por estudiar la carrera de Derecho. Años de peregrinar y quizás de morir en el intento.

   A muchos les ocurre igual, cuando lo prudente es dejar el camino libre, expedito, a otros que de meta en su vida lo hayan elegido. Lección importante la de don Francisco, gran persona y buen médico.

                                           Francisco Tomás Ortuño.

   ENFERMEDADES PROFESIONALES:

   La de un carnicero: Tener callos

   La de un electricista: Tener la tensión alta.

   La de un pintor: Tener mal color.

     MUY CARO:

   Un hombre acude a un despacho de abogados.

   -¿Cuánto cobra por una consulta?, pregunta.

   -Mil euros, le dice.

   - Un poco caro, ¿no le parece?

   -Quizás. ¿Y cuál es la tercera?

                                       F.T.O.

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