Sibilinamente.

22 diciembre 2024 ¡SUERTE! 357 idos del 24 y 9 por llegar.

   Murcia, domingo, sin novedad en casa ni en la familia g.a.D.

   El viernes noche pasado fuimos a la iglesia de San Antolín Lina, mamá y yo a escuchar villancicos y luego a cenar en el bar restaurante “Guinea” que coge en el camino de vuelta a casa.

   Os cuento de la niñez:

   30 noviembre 1977.- Siete de la mañana -il fait nuit- es de noche, silencio por dentro y por fuera. Ha llovido mucho y sigue lloviendo. No muy fuerte, pero sin parar.

   “Llueve, -el agua se remueve -con furia de titán, -corre precipitada, -confusa, -locamente, -como mi pensamiento”, escribí una vez. Debe de estar por alguna parte.

   “Confusa, locamente, como mi pensamiento”. Pensé, entonces, que mi pensamiento era como el agua, naturaleza, roca, lluvia, mar. Lo que acontecía fuera, acontecía en mí.

   Formo parte de la tierra y corro su misma suerte. El agua se remueve con furia como mi pensamiento. No puede ser de otro modo. Sigo su suerte en todo.

   Vamos embarcados y sujetos a los mismos vaivenes. Bola enorme nuestro mundo; diminutos seres nosotros en el fondo. Cuando llueve se aprecia mejor que estamos en el fondo.

   La atmósfera es un mar de aire; nosotros pisamos tierra. Entonces como en el fondo del mar. Y construimos casas pegadas a las rocas submarinas. No hemos aprendido a salir. 

   Solo allá dentro, en lo más profundo, pegadas a la superficie sólida. ¿Casas flotantes?, ¿casas en el aire?, pompas de jabón. Nuestro medio está por explotar. Miramos hacia arriba. ¿Qué habrá más allá?

   “La vida nos entretiene con ruidos de feria”. escribí en otro lugar. Benditos ruidos de feria. Si nos entretienen debemos buscar esos ruidos, producir esos ruidos, y caer en ellos para ser absorbidos plenamente.

   Cuando somos jóvenes o mejor niños con proyección de futuro, los padres tienen el deber de procurar a los hijos futuras ocupaciones por el bien de ellos.

   Los padres tienen el deber de procurar a los hijos futuras ocupaciones por el bien de ellos, por su felicidad: idiomas, pintura, música, trabajos manuales, viajes…

   Luego, esto que aprende será justo lo que hará de él un hombre ocupado, distraído, feliz. Tiene una trascendencia enorme el aprendizaje de los niños.

   Preparamos su vida madura, su futuro, para que no se derrumbe en la desesperación. Un mundo para que no piense, como a los pequeños damos juguetes para que estén entretenidos.  

   Debemos buscar con ahínco guiones absorbentes con las que estar también entretenidos: quinielas, partido televisado de hoy, hacéis  mucho bien.

                                            Francisco Tomás Ortuño

   1 diciembre 77.- Otro mes, otra esquina doblada, otro día, otro momento para la historia, otra nada para el recuerdo.

   Ayer subí a Santa Ana. En el chalé ponen los pisos. Ayer pagué a Manuel otras 50.000 pesetas. Ayer hablé con el padre sobre un posible préstamo para ultimar la obra.

   Ayer fuimos Pascuala y yo al taller de Paco González el carpintero. Ayer pagué al fotógrafo las fotos escolares y liquidé A Juan Almeida los seguros del Colegio.

   Ayer los alumnos de C.E.C.A,-Centro de Capacitación Agraria- no tuvieron clase porque se trasladaba de domicilio. Ayer muchas cosas más sin importancia pero que llenaron un día.

   Cosas que tuvieron que ocurrir, intrascendentes quizás, pero necesarias en la marcha de la vida. Ayer hablamos en casa de que Pascual Jesús sea luego profesor. Él se reía.

   ¿Te gustaría ser luego profesor? ¿Y Francisco Amós? ¿Y Ángel Inocencio? Miguel es todavía pequeño. Lina más aún. Con los hijos y las profesiones hay que definirse pronto.

   luego diremos que todo ocurre según leyes naturales, pero quizás esas leyes están determinadas de antemano por nosotros. “Tenía que ocurrir”, decimos. Pero una serie de acciones nuestras las han formado.

   Con las carreras de los hijos debemos pronto orientar los pasos si queremos que haya luego más posibilidades de que sea lo que nos gusta.

   Yo entré en el mundo de las letras, concretamente en el Cuerpo de Magisterio, en cambio yo pude ser médico, o ingeniero. A mí las matemáticas me gustaban y no se me daban nada mal.

   y luego Antonio Martínez se hizo médico, Martín Ortega abogado, Juan Miguel ingeniero. Mi padre, aconsejado por su amigo don José Yagüe me ordenó que echará por ese camino.

   Fijemos pronto la mirada a donde quisiéramos llegar y todos nuestros pasos, nuestros esfuerzos, nuestras ilusiones, que vayan dirigidas en ese sentido.

   El destino mandará siempre, pero nosotros sibilinamente habremos preparado el cauce por donde discurran los acontecimientos.

                                         francisco Tomás Ortuño

 

 

 


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