Sueños.

15 diciembre 2024 San Valeriano

   Murcia, domingo, sin novedad en casa. Te cuento:

   Como todo pasa en esta vida, pasó el puente semanal con el día de la Región, incluido el Corpus Christi de añadidura, Todo llega y todo pasa. Que se lo digan a Berlusconi, que se pensaba que la muerte no iba con él. Y hoy los medios no hablan de otra cosa: ha muerto Berlusconi a los 86 años.

                                           Francisco Tomás Ortuño

 

 

    SUEÑOS:

   Hay sueños dulces, agradables, de los que no quisieras despertar; y los hay desagradables, molestos, incómodos, que te despiertan sobresaltado.

   Luego se olvidan, sean de unos o de otros, o se guardan en algún rincón de tu cerebro, para ¿quién sabe si volver a verlos?

   Hay libros que interpreta los sueños, o dice interpretarlos. No sé, no sé, hasta qué punto acertarán. Si sueñas tal cosa quiere decir esto; si sueñas tal otra, lo de más allá.

   A mí me parece que es como el horóscopo: todos los Taurios son así; y hay tantos Tauros en el mundo que es poco fiable el pronóstico. A unos les hace bien y a otros mal.

   Como el del tiempo: pone un sol en Murcia y cerca lluvias. Después no llueve y decimos: ya lo dijo el hombre del tiempo. Por Lorca llueve y lo mismo: ya lo dijo el hombre del tiempo.

   O sea, que acierta, pero con matices. Los sueños siguen siendo un misterio, no hay una vara que los mida. Qué sueñas con gatos no es matemático que anuncien una desgracia.

   Que la tienes, sería por el sueño. Que no la tienes, sería para después. Yo no creo que el sueño anuncie nada. Anoche sin ir más lejos soñé con toros.

  Toros por aquí, toros por más allá, toros por todas partes. ¿Por qué soñaría con toros? No recuerdo haber leído nada sobre toros recientemente, ni de haberlos visto en televisión, y menos en el campo.

   Sin embargo, vaya noche de toros: fui a una plaza a ver una corrida y estaba llena de público. Salió el primer toro y enganchó al torero, arrastrándolo cogido con una asta. La gente gritaba con miedo.

   El segundo toro saltó la barrera y embistió alocado por el público, corneando al que cogía. El pánico cundió. La gente corría hacia la puerta. Los demás toros salieron de los toriles y corrían como demonios queriendo también saltar a los tendidos.

   Toros, toros. Desperté con el miedo metido en el cuerpo. Mi corazón latía a más de cien, a punto de salírseme del pecho. ¿Quién puede decirme a qué se debió mi sueño? ¿Quién sabe interpretarlo?

                                           Francisco Tomás Ortuño

   11 de noviembre 1977

   Hay personas agradables y hay personas que desagradan. Cada persona es como es, pero también cómo se hace. Efectivamente, podemos cambiar maneras en nosotros.

   Y debemos corregir, pues, lo que nos hace desagradables a los demás. Pocos advierten esos defectos o formas que desagradan a los servan o se lo calla; no lo dicen.

   Y seguimos cargando a la gente con nuestra forma de hablar, de hacer o de decir. De vez en cuando, un hermano, un padre, o un buen amigo, nos avisa.

   Algo ocurre para que nos den de lado los demás. Algo hay en nosotros que molesta, que no cae bien, que desagrada, en suma.  Debemos estudiarnos con frecuencia y corregirnos.

   ¿No has reparado en que hay personas que molestan siempre en las reuniones?, ¿que aburren?, ¿que no caen bien? ¿No has observado que otras personas alegran las tertulias solo con su presencia?

   ¿Por qué es esto?, nos preguntamos. Y caemos en la cuenta de que los primeros suelen ser chismosos o calumniadores por sistema: “¿Sabes qué fulano…”, ”Quién lo iba a decir”.

   Y nos previenen, nos pone en guardia, nos hacen pensar, que cuando no estemos delante hablarán también de nosotros, y no bien precisamente porque no suelen hablar bien de nadie.

   Los segundos solo dicen cosas agradables, solo cuentan lo bueno que saben de los demás, y no sin venir a cuento sino como la cosa más natural del mundo. En ello estriba la diferencia de unos y otros.

   Pues si es así, procuremos reformar en nosotros esa forma de ser, de decir de hacer o de sentir, que nos hacen poco gratos a los demás.

                                         Francisco Tomás Ortuño

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